Leiteira da Coruña fotografada por Ruth Matilda Anderson

La dicotomía ciudad/rural puede ser interpretada bajo la perspectiva ecofeminista, que analiza el modelo de pensamiento del patriarcado capitalista basado en parejas de conceptos opuestos y jerárquicos, en los que siempre hay una parte dominante y una parte dominada.

Hombre Mujer
Cultura Naturaleza
Mente Cuerpo
Razón Emoción
Autonomía Dependencia
Producción Reproducción
Público Privado

La ciudad aparece como superior al rural; los valores relacionados con lo urbano son deseables, son los dominantes, mientras que el rural pertence a la parte negada, asociado a lo natural y, por lo tanto, objeto de explotación.

Valores asociados a la ciudad y al rural que expresan la visión colonizadora sobre el rural:

Ciudad Rural
Cultura Ignorancia
Ciencia Superstición
Castellano Gallego
Progreso Tradición
Posibilismo Inmobilismo

El discurso sobre el rural está dominado por las perspectivas colonizadoras:

  • o bien lo contempla con desprecio (la idea del rural ignorante, inmobilista)
  • o bien lo idealiza (el ideal del mundo “primitivo” que se alimenta en el turismo rural)
  • o bien lo contempla con paternalismo (la idea del rural atrasado que debe evolucionar para alcanzar los ideales de progreso de la modernidad capitalista)

Si consideramos la lingüística, y por razones históricas, los términos ciudadana, en su acepción de “persona que forma parte de la comunidad de miembros de un estado, con plenos derechos civiles y políticos”, o ciudadanía remiten a su raíz civitas. Para definirnos como sujetos políticos, como sujetos de derecho, utilizamos términos que invisibilizan el rural, pues carecemos de equivalentes. Cuando hablamos de nosotras mismas como “ciudadanas” o apelamos a nuestra “ciudadanía” hacemos uso de una identidad ajena que niega e invisibiliza la propia.

La política y el lenguaje de la política están formulándose en lugares que no nos pertencen, que nos son ajenos, y que nos están nombrando y definiendo sin nuestro permiso ni contribución. La innovación, la ciencia, la tecnología, la experimentación… parecen suceder siempre en lugares lejanos en los que nunca tenemos nada que decir y a los que no tenemos nada que aportar. Entonces, ¿cómo se construye a sí mismo el rural sinó valiéndose de construcciones ajenas?

Las políticas y planes de “desarrollo rural” aplicadas reiteradamente por las instituciones contemplan permanentemente al rural como territorio subdesarrollado, asumen su condición de inferioridad e implementan estrategias destinadas a alcanzar los estándares capitalistas (y urbanos) de progreso. Es necesario un cuestionamento del significado de “progreso” y de las políticas que se aplican para alcanzarlo.

Pensando en la relación del rural con la ciudad, y en la forma en la que se piensa la ciudad y se trazan sus políticas, rara vez se tienen en cuenta las personas que habitan el rural como usuarias de la ciudad, aún cuando buena parte del crecimiento de las ciudades se les debe a ellas y a su trabajo.

En sentido inverso, las personas que trasladan su residencia desde la ciudad al rural, caen frecuentemente en la sobreexplotación de los recursos comunes, y rara vez muestran interés en formar parte de las estructuras comunales que los rigen. En algunas ocasiones, la gestión comunitaria es contemplada como un atraso respecto de la forma de progreso recomendable: la gestión pública o incluso privada.

Considerando la situación del rural gallego dentro del contexto europeo, es necesario reconocer y definir nuestra alteridad: si se identifica el Sur como el territorio pobre, explotado y colonizado por el capitalismo frente al Norte opulento, capitalista y colonizador, Galiza (y especialmente el rural gallego) forma parte del Sur dentro del Norte. Dentro de Europa hay también “otras” y “otros” que necesitan crear conciencia sobre las semejanzas que las unen con los territorios del Sur y extraer conocimiento de sus experiencias y aprendizajes.

El primero de estos aprendizajes debe ser el que nos aportó hace años el feminismo negro, para que no caigamos en la tentación de tomar el rural gallego como un todo homogéneo, sin tener en cuenta las intersecciones que dan lugar a múltiples identidades. Debemos ser conscientes, y estar atentas, a las relaciones de colonización que nosotras mismas ejercemos y que pueden dar lugar a la invisibilización de estas alteridades o a tomar la parte por el todo. La ruralidad debe ser contemplada como una más de las variables de dominación junto con otras dominaciones de clase, de género, de raza o de la sexualidad.

+ INFO:

MEDINA MARTÍN, Rocío: Feminismos periféricos, feminismos-otros: una genealogía feminista decolonial por reivindicar

HERRERO LÓPEZ, Yayo: Feminismo y ecología: reconstruir en verde y violeta

Crédito de la imagen: Lechera. A Coruña, 1924. Fotografía de Ruth Matilda Anderson.

Este texto tamén está dispoñible en: Galego

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